Una experiencia...
Taller 18 (11/06/2002)
El canto me lleva a niveles de relajación profunda.
Mi mente se aquieta de tal forma que cesan los pensamientos
y la cháchara mental. Y así me percibo sin
percibirme, estoy sin estar, soy sin ser. Dejo de sentir
los límites de mi cuerpo pues soy expansión.
Soy ojos que ven en ese espacio vacío. Soy oídos
que oyen lo que no suena.
No hay latidos del corazón,
sólo ese gran espacio vacío en el que soy
todo y nada, sin límites ni sensaciones. Todo es
paz y calma… es como una gran burbuja, tan grande
como el espacio entero, pues no siento mi límite;
ni siquiera pienso si existo o no. Sólo estoy en
esa sensación de no necesitar nada, de estar ahí
en ese lugar perfecto donde está todo.
Es una sensación muy especial
pues no pienso y sin embargo soy pensada. No siento y
soy sentida. No oigo y soy oída. Todo se hace sin
que yo haga nada. Todo es quietud y cuando vuelvo al aquí
y ahora ese estado de calma perfecta perdura en mí
por mucho tiempo y sé que ello va dejando en mí
su maravillosa semilla, poco a poco, para que se haga
permanente en mi vida para siempre.
Lo he definido lo mejor que he podido, pero no se puede
comparar la descripción con la vivencia. Es muy
difícil ponerlo en palabras pues se pierde la esencia.
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